Las familias de personas desaparecidas piden más medios para que sus casos «no caigan en el olvido» y no se repitan

Las familias de personas desaparecidas piden más medios para que sus casos «no caigan en el olvido» y no se repitan

– Celebran el lanzamiento del programa Family-RED, de la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas

MADRID, 05 (SERVIMEDIA)

Los familiares de Alberto Pérez, desaparecido en Canarias en 1973 y cuya desaparición es la más larga que se conoce en España; Juan Pedro Martínez, el niño desaparecido en el puerto de Somosierra en 1986 e Isidre y Dolors Orrit, desaparecidos en 1988 del hospital Sant Joan de Deus de Manresa, exigen más medios para que casos como los suyos «no caigan en el olvido» y no se repitan. También, que se «legislen» los derechos de los allegados de las 5.411 personas en España cuyo paradero se desconoce, según el último informe del Centro Nacional de personas desaparecidas.

Así lo reivindicaron en declaraciones a Servimedia María Belén Pérez, hermana de Alberto; Juan García, primo hermano de la madre de Juan Pedro, y Carmen Orrit, hermana de Isidre y Dolors, coincidiendo con la conmemoración, el 9 de marzo, del Día de las personas desaparecidas sin causa aparente, efeméride que afrontan como una jornada «de esperanza y reivindicación» con el reto de «visibilizar» la realidad que sufren y la necesidad de «compartir el dolor» que lleva aparejada dicha ausencia.

Alberto Pérez, que desapareció el 3 de julio de 1973 cuando tenía 13 años, era un niño «muy despierto e inteligente», según cuenta su hermana, que se mostró convencida de que «alguien lo hizo desaparecer» y aún recuerda la «mucha precariedad y carencias» que rodearon su búsqueda.

Tras criticar que no hay «ningún informe policial» sobre su hermano y que tan solo existe un «expediente abierto como persona desaparecida», María Belén sostuvo que el caso «ha sufrido muchas carencias, pero nunca se hizo nada por subsanarlas». La consecuencia de todo ello fue «una familia desestructurada, una madre que sufrió ceguera histérica, que en varias ocasiones se intentó suicidar y no pudo estar para el resto de sus hijos» y que, al igual que su familia, ha vivido estos años «con miedos, rencor y sentimiento de culpa» y siempre con «la incógnita de si está vivo».

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La misma incógnita que atenaza a Juan García, primo hermano de la madre de Juan Pedro Martínez, un niño que tenía casi diez años el 25 de junio de 1986, día en el que viajaba junto a sus padres en un camión cisterna cargado de ácido cuando el vehículo se salió en una de las curvas del puerto madrileño de Somosierra y se estrelló. El matrimonio pereció en el accidente, pero del pequeño no hay ni rastro.

Después de años de «intensa actividad» para tratar de compensar las «grandes deficiencias» en su búsqueda, su labor se centra ahora en lograr que se «pongan los medios necesarios» para que aquellas familias que sufran una ausencia de este tipo «no se sientan solas, perdidas y abandonadas, estén amparadas y no vayan dando palos de ciego», como tuvo que hacer la suya, sin «nadie» que les «apoyara y orientara».

La misma denuncia hace Carmen Orrit, hermana de Isidre y Dolors, de 5 y 17 años cuando desaparecieron sin dejar rastro la noche del 5 de septiembre de 1988 en el hospital Sant Joan de Deus de Manresa en el que estaba ingresado el pequeño, a quien acompañaba su hermana mayor. Tras criticar la «cero ayuda» que recibieron por parte del centro, Carmen reclamó que el caso «se revise como una desaparición, porque nunca nadie los ha vuelto a ver». «Aunque hubieran querido fugarse, eran menores y tendrían que haberlos buscado», espetó, para reconocer que cada día que pasa «es una tristeza, porque siguen faltando dos sillas vacías todos los días».

«La incertidumbre de no saber qué les pasó es una lucha muy grande contigo misma», admitió Orrit, que es cofundadora de Afades, asociación de familiares de desaparecidos centrada en las desapariciones de larga duración y de personas con enfermedades neurodegenerativas, y que, entre otras cuestiones, lucha por que se aumente el número de psicólogos especializados en desapariciones.

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FAMILY RED

Todos ellos son usuarios del programa Family-RED lanzado por la Fundación Europea por las personas desaparecidas en torno a este 9 de marzo para «apoyar y mejorar la atención y asistencia» a estas familias. Se basa en una aplicación móvil que integra servicios de asesoramiento legal y psicológico, un calendario y agenda de eventos compartida o salas virtuales de consulta atendidas por profesionales en torno a los temas de «interés» para las familias, entre otros recursos.

Su fin es ayudarles tanto en la búsqueda de sus seres queridos, como a «sobrellevar mejor los difíciles días de incertidumbre que ocasiona» esta pérdida, por lo que se trata de un recurso «muy necesario» a juicio de los familiares, que lo ven útil para «compartir el ahogo, la desesperación y el calvario» que sienten.

En este contexto, la doctora en psicología y experta en atención a víctimas de sucesos traumáticos de la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas QSDSglobal, Aída de Vicente, defendió que la desaparición de un familiar es «una de las pérdidas más devastadoras que se puede tener» y explicó que su «principal característica» es «la incertidumbre y la ambivalencia en la que sume a la familia», lo cual le produce un «enorme desgaste psicológico» y una «paralización».

La experta juzgó «fundamental» su acompañamiento psicológico «durante todo el proceso» por la «naturaleza» de este suceso estresante, que genera una «rumiación» en la persona, a la que no tener «ninguna certeza» le «impide» elaborar el suceso.

«Y, cuanto más tiempo pasa una persona sumida en esta montaña rusa emocional, en la que pasa de la desesperación a la esperanza, de la ira a la trampa psicológica de la culpa, mayor desgaste emocional y menos esperanza tiene», abundó la experta.

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Con todo, la psicología les puede «ayudar a entender qué les está pasando» así como a trabajar en cómo relacionarse y cómo «sobrellevar» estos pensamientos y «rumiaciones constantes». También les puede «entrenar» en habilidades psicológicas, técnicas de regulación emocional y pautas de autocuidado y enseñarles a «sobrellevar la enorme carga de estrés» que soportan, además de aprender a «aceptar la ambigüedad» de su nueva situación.

«No es una cuestión de tener más o menos recursos psicológicos, cualquier persona que vive la desaparición de un ser querido queda en estado de shock, ansiedad y angustia. Desorientada, con la vida congelada en el tiempo y un estrés continuo», advirtió, consciente de la dificultad que tienen de «confrontar» una situación que les hace sentir «en el limbo, completamente desatendidas y aisladas» en una sociedad que tampoco está «preparada para entender este tipo de pérdidas ambiguas, que les recuerda su propia vulnerabilidad».

En este punto, la directora de la fundación, Anabel Carrillo, defendió que «poder compartir entre ellos un espacio es muy importante, porque es la compañía y el calor que más precisan, el de personas que están pasando por lo mismo» y avanzó que el programa Family-RED viene también a «fortalecer la red de familias». La aplicación en la que se basa, financiada por el Ministerio de Derechos Sociales y que consideró «muy intuitiva y fácil de usar», resultará «especialmente útil» para personas con un familiar desaparecido recientemente y que, a su entender, «tienen menos conocimiento de todo lo que se les viene encima».

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